El sol se reflejaba en las aguas del canal. Tomaron un motoscafo, un taxi acuático privado, desde el aeropuerto Marco Polo. Aquel día de septiembre era cálido y soleado. Cruzaron la laguna y pasaron por delante de la piazza San Marcos y el puente de los Suspiros mientras iban de camino a su hotel.
Venecia. Edward Jamás habría esperado regresar allí. Sin embargo, decidió que debía adaptarse al juego. Haría lo que fuera, sería todo lo romántico que tuviera que ser para conseguir que Bella se casara con él antes de que recuperara la memoria.
La observó mientras cruzaban las aguas del canal. Los ojos le brillaban con sorpresa. Observaba la ciudad con un profundo asombro, del mismo modo en el que todos los hombres que la veían la miraban a ella.
El conductor del taxi no podía evitar mirarla constantemente por el retrovisor. McCarty, el guardaespaldas de Edward , estaba sentado detrás de ellos y, de vez en cuando, miraba a Bella algo más de lo que era estrictamente necesario.
Bella se había cambiado de ropa y se había duchado durante el vuelo que los condujo allí en su avión privado. El cabello oscuro le caía por encima de los hombros desnudos, rozando unos pezones que Edward se podía imaginar fácilmente bajo el vestido de punto de color rojo. El escote del vestido mostraba claramente la parte superior de los pechos.
Además, la prenda apenas le cubría los muslos. Se había pintado los labios de un rojo oscuro que iba a juego con el del vestido. Tenía las piernas esbeltas y perfectas, que terminaban el afilado tacón de aguja de las sandalias que llevaba puestas.
Edward no podía culpar a nadie por mirarla, aunque le habría gustado matarlos por hacerlo. Resultaba extraño que antes no hubiera sentido celos de que otros hombres miraran a Bella. Había dado por sentado que el resto de los hombres siempre quería lo que él. Edward, poseía. ¿Por qué había cambiado eso? ¿Por qué Bella llevaba a su hijo en las entrañas?
¿Por qué tenía intención de hacerla su esposa?
Por supuesto, Bella sería su esposa tan sólo en apariencia. Para proteger a su hijo, no porque sintiera algo por ella. Sólo sentía odio hacia ella y, tenía que admitir, que deseo.
Miró al conductor con tanta dureza, que el joven se sonrojó y apartó la mirada. Entonces, estrechó a Bella contra su cuerpo. Ella sonrió.
—Esto es muy bonito. Gracias por traerme aquí, aunque estoy segura de que te ha resultado muy inconveniente…
—Nada me resulta inconveniente si te da placer a ti —dijo él.
Entonces, le tomó la mano y se la llevó a los labios.
—Eres muy bueno conmigo —susurró Bella. Estaba visiblemente afectada por el modo como él la había besado.
El hecho de que ella se mostrara como una jovencita inocente turbó a Edward aún más. La femme fátale que él había conocido parecía haber desaparecido con sus recuerdos. Ataviada de aquella manera parecía aún la misma arrogante, cruel y fascinante criatura que había sido hacía unos meses, pero había cambiado completamente. Una vez más, se mostraba de nuevo como una virgen.
Ya no lo era. Edward se recordó el modo en el que habían concebido a aquel bebé y sintió que todo el cuerpo le ardía de deseo. Le miró el hermoso rostro y vio que las pupilas de ella se dilataban. Él recordó sin poder evitarlo todas aquellas semanas en Seattle cuando habían estado desnudos el uno junto al otro, cuando había creído que, bajo aquella hermosa y superficial apariencia, existía algo que merecería la pena poseer.
Había seguido siendo de la misma opinión hasta el día en el que la vio desayunando con su rival, dándole fríamente pruebas que le ayudarían a destruir su empresa.
«Recuerda ese momento. Recuerda cómo te traicionó y por qué». Le agarró con fuerza los hombros y recordó los días y las noches que pasaron juntos en junio. Acostarse con ella se había convertido en una adicción para él. Se había entregado a ella como jamás lo había hecho hasta entonces y como, sin duda, jamás volvería a hacerlo.
Se había considerado un hombre cruel. Fuerte. Sin embargo, Bella lo había superado de tal modo que no se había dado cuenta de lo que ella le estaba preparando. Por eso, la odiaba con todo su corazón. A pesar de todo, seguía deseándola. La deseaba con una pasión que lo consumía de tal modo que podría terminar destruyéndolo. Decidió que no cedería a la tentación. Aunque las semanas que había pasado con ella habían supuesto la experiencia más erótica de su vida, jamás volvería a poseerla. Si la besaba, podría estar encendiendo una llama que no podría controlar.
Observó a Bella. Ella parecía estar completamente asombrada por la relación que había entre ambos.
No lo comprendía. Al contrario de la Bella que había conocido, la que ocultaba tan bien sus sentimientos, la que tenía frente a él no escondía lo que sentía. Sus sentimientos se reflejaban claramente en su rostro angelical.
«Bien», se dijo. Era el arma perfecta para poder utilizarla contra ella. La convencería para que se casara con él. La cortejaría. La tomaría como esposa aquel mismo día. Haría todo lo que fuera necesario para que así fuera.
Excepto una cosa.
No volvería a llevársela a la cama. Nunca.
* * *
Bella levantó el rostro hacia el brillante sol que entraba por las ventanas del barco y se reclinó contra el poderoso cuerpo de Edward.
Entonces, él le sonrió. Aquel gesto le producía toda clase de extrañas sensaciones y le aceleraba los latidos del corazón. Sus días de oscuridad y soledad en el lluvioso Londres parecían no ser más que un distante sueño. Estaba en Italia con Talos. Embarazada de él. Se colocó la mano sobre el vientre.
El barco se detuvo en el muelle de un palazzo del siglo XV y ella levantó el rostro para observar la increíble belleza gótica de la fachada.
—¿Es aquí adónde íbamos?
—Sí. Es nuestro hotel.
Bella tragó saliva mientras descendía del taxi. No dejaba de imaginarse lo que sería compartir la cama con aquel hombre. Sólo por pensarlo, se tropezó en el muelle.
—Ten cuidado —dijo Edward mientras la agarraba del brazo.
Permanecieron en el muelle hasta que McCarty pagó al taxista y comenzó a ocuparse del equipaje. Durante ese tiempo, Bella no pudo dejar de admirar a Edward. Era tan alto, tan fuerte, tan guapo… Cuando él la estrechó de nuevo entre sus brazos, se preguntó si iba a volver a besarla. El pensamiento la asustó de tal manera, que se apartó de él con un gesto nervioso.
—Tendremos habitaciones separadas, ¿verdad? —susurró ella.Edward soltó una sonora carcajada y sacudió la cabeza—. Pero…
—No tengo intención alguna de perderte de vista —le dijo mientras le apartaba un mechón de cabello del rostro y le daba un beso en la sien—. Ni de dejar de abrazarte…
Entonces, le agarró la mano y la llevó al interior del palaciego hotel.
En su interior, Bella comenzó a darse cuenta de que las cabezas de todos los hombres se volvían para mirarla. ¿Por qué lo hacían? A su paso, no dejaban de murmurar entre ellos e incluso uno, que formaba parte de un grupo de jóvenes italianos, hizo ademán de acercarse a ella. Uno de sus amigos se lo impidió y le indicó discretamente la presencia de Edward.
Bella se sintió muy vulnerable y se sonrojó. Respiró aliviada cuando por fin Edward la condujo al ascensor. De repente, comprendió por qué la estaban mirando.
Era su vestido. El minúsculo vestido rojo que había sacado del armario de su casa de Volterra. Le había parecido lo más sencillo comparado con el resto de su guardarropa. Había esperado que terminara por acostumbrarse a la que era su ropa, pero se había equivocado. Efectivamente, el ceñido y escotado vestido y los zapatos de tacón de aguja eran como un imán para las miradas de los hombres.
Decidió que no sólo resultaba llamativa, sino que más bien parecía una prostituta a la que se le pagaba por sus servicios.
Cuando por fin llegaron a la suite del ático y la puerta se cerró, Bella lanzó un enorme suspiro de alivio. Gracias a Dios, por fin estaba a solas con Edward.
Entonces, se dio cuenta…
Estaba a solas con Edward.
Miró a su alrededor con cierto nerviosismo. La suite era muy lujosa.
El techo abovedado estaba cubierto de frescos. Una araña de cristal colgaba del techo. La chimenea de mármol… las hermosas vistas del canal desde la terraza… Todo era maravilloso, pero sólo había una cama.
—¿Salimos a cenar? —ronroneó Edward a sus espaldas. Bella se sonrojó y se dio la vuelta para mirarlo, esperando que él no fuera capaz de leer el pensamiento.
—¿Cenar? ¿Fuera? En realidad no me apetece salir esta noche —dijo, pensando en las miradas lascivas de los hombres que tendría que soportar.
—Perfecto —dijo él con sensualidad—. Nos quedamos.
Dio un paso hacia ella. Bella reaccionó dándose la vuelta y dirigiéndose a la ventana para contemplar la laguna. Se veían hoteles, barcos, góndolas y hermosos edificios por todas partes. Entonces, sintió que él le tocaba suavemente el hombro.
—¿Es éste el mismo hotel en el que nos alojamos antes? —le preguntó—. ¿Cuando nos conocimos?
—Yo me alojé aquí solo. Te negaste a subir a mi suite.
—¿Sí? —preguntó ella dándose la vuelta.
—Traté de hacerte cambiar de opinión… Pero tú te resististe —susurró, acariciándole suavemente la mejilla.
—¿Sí? ¿Cómo?
Edward sonrió. Deslizó los dedos desde la mejilla suavemente hacia los labios. La tocó allí tan suavemente, que Bella tuvo que acercarse un poco más a él para incrementar la sensación. Entonces, él le acarició una vez más el labio inferior y se inclinó para susurrarle al oído:
—Me hiciste perseguirte, mucho más de lo que he perseguido nunca a ninguna mujer. Ninguna mujer ha sido, ni será nunca, comparable a ti.
Cuando se apartó de ella. Bella sintió que los latidos del corazón y la respiración se le habían acelerado. Talos la miró como si supiera la confusión que había creado en ella.
—Bueno, ¿quieres que salgamos? ¿O prefieres que nos quedemos? —preguntó él, mirando la cama.
—He cambiado de opinión —dijo ella—. ¡Salgamos! —exclamó, tratando de ocultar su nerviosismo.
—Entonces, veo que, después de todo, tienes hambre.
Bella vio cómo sacaba la gabardina de ella del armario y se la daba.
Entonces, volvió a agarrarla por la cintura para conducirla a la salida.
La piel de ella volvió a vibrar.
Bella estuvo a punto de suspirar de alivio al ver que se marchaban de la fastuosa suite, con su enorme cama. Lo que Bella no sabía era que iba a ser el típico caso de escapar de un peligro exponiéndose a otro mayor.
Zas!! Me encanta!!
ResponderEliminarEspero con ansias el siguiente capi!
Un beso
T.
Chicas, como ya algunas de vosotras sabréis estoy a punto de cumplir mi primer año con el blog y...nada me gustaría mas que celebrarlo con vosotras.
ResponderEliminarVeréis, se trata de concursar con la mejor historia que creáis que habéis escrito, aquella a la que tengáis un especial cariño, la que haya tenido mejor aceptación entre vuestras lectoras o la que simplemente mas os haya cautivado, es simple, vosotras decidís,.
No tiene que ser necesariamente sobre la saga, la cual me apasiona, puede ser de cualquier otro genero, no hay inconveniente alguno, de amor, de suspense, miedo, intriga, drama...en fin , como ya bien dije antes, vosotras decidís.
El plazo de inscripción se habré desde hoy mismo hasta el 20 de enero de 2011, hay cerrare el correo y pondré a disposición de todas vosotras las historias que concursen.
Bueno chicas, yo os dejo aquí la entrada, la que quiera participar ya sabe, mandarme un correo a elrincondebonnie@hotmail.com con, vuestro nombre, la dirección de vuestro blog, y la HISTORIA, RELATO, NOVELA O FIC que queréis que concurse.
Da igual si es de crepúsculo o de cualquier otra cosa, lo único que quiero es que participéis todas..