lunes, 2 de agosto de 2010

capitulo 4

CAPITULO 4:

Edward estaba tomando una cerveza en la cocina cuando Emmett abrió la puerta principal y apareció Bella del otro lado. Su sencillo conjunto blanco de camisa y falda se ceñía a sus curvas, intensificando el deseo de Edward, que irritado por tal sensación rechinaba los dientes.

El echo de tener a Bella allí y que con un rápido vistazo le provocara tanto no auguraba nada bueno.

Los andares coquetos de Bella y su pícara mirada hacían que los ojos de los dos hombres allí presentes brillaran de deseo.

Durante toda la tarde, Emmett se había comportado como un cachorrito al que se le ha prometido un juguete nuevo. Había preparado una deliciosa cena para Bella compuesta por un plato, cuyo nombre Edward no sabía pronunciar, y una deliciosa tarta de chocolate y fresas. Tarta, que por supuesto, no pensaba que lograran llegar a probar.

No había que preguntarle a Emmett el porque de su esfuerzo. Edward pensaba que su primo al fin había encontrado a una mujer que los complementara a ambos. Una mujer que querría lo que cualquier otra en su sano juicio ni pensaría en tener: una relación a tres bandas con un militar temperamental y un chef apasionado. De hecho, insistía en que Bella, al final, sería de ellos. Al parecer Emmett había olvidado las miles de veces que Edward le había asegurado que no quería una relación permanente, como también parecía haber olvidado que Bella no quería que penetraran su dulce sexo, sólo prepararse para ser compartida por otros dos hombres.

A pesar de ello Emmett la tenía idealizada como a esa mujer dulce, curiosa, suave y con un gran corazón que podría soportar a tan complicados hombres.

Edward bufó. Aquello no acabaría con un felices para siempre como en los cuentos de hadas, y tarde o temprano Emmett lo tendría que aceptar.

Aunque Bella tenía algo que lo ponía a cien. Su dura erección estaba tensa bajo la bragueta de los pantalones de pinza que Emmett le había obligado a ponerse. No recordaba haberse puesto tan duro nunca, más pensando en que lo único que había hecho Bella era entrar por la puerta con una sonrisa tímida.

- Hola – dijo Bella con un ligero temblor en la voz.

La pobre estaba nerviosa, y no por lo que sabía que iba a suceder sino por lo que podría pasar con su autocontrol cuando Emmett y Edward la llevaran a la cama.

La afirmación de Edward de que ella acabaría implorando ser penetrada le quemaba las entrañas. Por una parte quería reservarse para Jacob, pero por otra no estaba tan segura como días antes de que realmente consiguiera no sucumbir al placer.

Mientras tanto Edward batallaba interiormente con el pensamiento de reclamarla y afrontar las consecuencias o no hacerlo. No quería correr más riesgos con vírgenes. Bella solo aprendería lo necesario durante estas dos semanas y luego se marcharía. Pero la intensidad del deseo hacia ella, que cada vez parecía aumentar un poco más, le hacía replantearse esta acción.

- Adelante – dijo Emmett, interrumpiendo sus pensamientos. – Gracias por quedarte con nosotros y por cambiar de idea. Nos alegra que estés aquí.

Edward se acercó a ella para sujetarle la pesada maleta. Al tocarse sus manos, una corriente eléctrica le recorrió el cuerpo a ambos, invadiendo sus sentidos. Se quedaron unos segundos mirándose a los ojos en un cómodo silencio hasta que Emmett cogió de la mano a Bella guiándola al interior de la cocina.

- ¿Vino?- dijo la suave y erótica voz de Emmett.

- Sí, gracias. Huele genial.

Emmett sonrió y miró a Edward como esperando que el por fin dijese algo para continuar la conversación. Sin embargo Edward pensaba que si abría la boca no tendría nada que decir o acabaría por fastidiarlo todo de nuevo, así que permaneció callado.

- Espero que te guste la comida. Le falta un pequeño toque. Si quieres puedes decirle a Edward que te enseñe la casa mientras yo termino de prepararla.

Bella miró ansiosa a Edward mientras daba un sorbo a su copa de vino. Luego se pasó la lengua por los labios y a Edward se le aflojaron las rodillas al imaginar esa lengua deslizándose por su glande.

- Claro. Me encantaría. Si a Edward no le importa.

- Por supuesto que no. Vamos. – dijo al mismo tiempo que posaba una mano sobre su cintura y la arrastraba fuera de la cocina.

El contacto le supo a gloria. No podía estar ni un minuto más sin tocarla. Cogió su maleta y se encaminó al piso superior.

Mientras le enseñaba la casa, que poseía en cada rincón el toque masculino de Emmett, Edward le explicó que dormiría en la habitación de su primo, ya que esta era más grande, cómoda y confortable que la suya.

Edward la llevó al cuarto de los juegos, en el que la elegante mesa de billar hacía juego con el minibar del fondo. Bella se volvió hacia el y lo agarró del brazo, provocándole un feroz deseo de desnudarla y hacerla suya sobre la mesa de billar, sin tener que compartirla con Emmett. Un pensamiento que le puso la carne de gallina por lo que para el representaba.

- Sé que piensas que cometo un error, y que no te emociona demasiado ayudarme... – habló Bella. – pero no voy a complicarte la vida. Te lo prometo. Sé que en el fondo no me quieres aquí.

En realidad le ocurría todo lo contrario. Sí que la quería allí. Mucho más de lo que sería seguro para ella, y tarde o temprano se daría cuenta.

- Está bien.

Edward siguió enseñándole las demás habitaciones.

- Por cierto – dijo con un suave siseo en su voz – hay un jacuzzi fuera.

- Vaya, no he traído bañador.

- Tranquila – rió entre dientes - No lo necesitaras.

- Oh, ya veo – Bella captó la insinuación sexual y sus ojos se iluminaron. Miró profundamente a Edward mientras se mordía suavemente el labio inferior. Esto provocó aun mas a Edward, que a estas alturas estaba a punto de saltar sobre ella, desnudarla y empujarla contra la pared – Tiene sentido, de todas formas, vais a verme desnuda – continuó ella.

- ¡La cena! – gritó Emmett desde la cocina.

Agradeciendo que comenzaran las dos horas que a Emmett le gustaba que durara la cena antes de que comenzara el verdadero festín, Edward condujo a Bella de vuelta a la cocina.

Emmett ya los esperaba con la mesa preparada. Apartó la silla de Bella como todo un caballero para que se pudiera sentar. Maldición, ¿Por qué no se le había ocurrido a el?

Edward se sentó y observó enfurecido como su primo al mismo tiempo que servía la cena aprovechaba para coquetear y acariciar a Bella. Esta se sonrojó y sonrió, lo que lo puso aun más furioso. Necesitaba tirársela de una vez y demostrarle que desnudos y en la cama, sería él el que la haría retorcerse de placer.

En ese momento se prometió a si mismo dos cosas. La primera, que haría que Bella se aferrara a su cuerpo mientras se corría tantas veces que al final perdería la cuenta. Y la segunda, que su nombre sería el único que pronunciarían los carnosos labios femeninos.

((((:) O (:))))

- ¿Te ha gustado la cena? – preguntó Emmett.

¿Qué si le había gustado? La pregunta correcta debería ser ¿A quién no podría gustarle? Emmett era un excelente chef. Más que eso, podría considerarlo un auténtico maestro del arte de cocinar. Se había ganado con creces su reconocimiento social. Pero después de esas dos tensas horas comiendo y charlando Bella estaba con los nervios de punta, sabiendo lo que vendría a continuación.

El deseo fluía por entre sus piernas e intuía que Edward estaba de igual manera, dado que había hablado poco durante la cena, y cuando lo había hecho era con monosílabos. O eso, o que seguía sin querer que ella estuviera allí.

-La cena ha sido maravillosa. Gracias, Emmett.

-¿Más vino? – Las palabras salieron de su boca mientras un brillo travieso cruzaba su mirada.

-No gracias. Dos será suficiente o me quedaré dormida. – rió Bella.

-¿Postre? Puedo hacer café. Lo tengo de vainilla, de caramelo, con canela...

-Gracias, pero no. Lo que realmente me gustaría es que nos fuéramos a la cama de una vez.

Emmett se detuvo en medio de la cocina, con los platos en la mano. Edward contuvo el aliento. Ninguno se movió.

"Oh, oh", ¿Acaso se había equivocado al pensar que ambos estaban interesados? Durante la cena le dio la sensación que ambos la estaban seduciendo, cada uno a su manera. Edward con sus ardientes miradas y Emmett con su pícaro coqueteo.

Bella miró a Emmett y no pudo evitar que su mirada se desviara justo a su bragueta, donde una intensa erección parecía que iba a reventar los pantalones en cualquier momento. Edward se puso de pie arrastrando ruidosamente la silla y Bella descubrió que estaba en el mismo estado que su primo. Ambos listos para la acción.

Vaya, no había malinterpretado nada.

-Vamos – Edward la agarró del brazo y tiró de ella, casi arrastrándola fuera de la cocina.

-¿A la cama?

-¡Pues claro!

Por fin. Había llegado el momento. Iba a descubrir de qué iba todo eso del sexo, y el sexo compartido, algo que iba más allá del placer de la masturbación, y lo iba a descubrir por los dos hombres más guapos que había conocido. No le importaba en absoluto el hecho de ser compartida, al contrario, aprendería todo lo necesario para ofrecérselo a Jacob cuando este volviera a Seattle.

Emmett intentó parecer molesto.

-Me he pasado mucho tiempo haciendo este postre – protestó.

Bella le dirigió una mirada provocativa por encima del hombro.

-Será un buen tentempié para medianoche.

-Lo será si me dejas comérmelo de tus pechos – murmuró Emmett, acercándose a ella.

Bella soltó una risita juguetona.

-Sólo si me prometes que lamerás hasta la última miga.

En menos de 30 segundos Bella ya descansaba sobre la suave colcha de la cama de Emmett, con el enorme cuerpo de Edward sobre el suyo y las firmes rodillas masculinas separando sus muslos.

Edward se apoderó de su boca desesperadamente, besándola con profundidad. Bella le rodeó el cuello con los brazos.

Edward le separó un poco más las piernas para poder acomodarse mejor y apretó su miembro directamente contra ella. Dios, era tan bueno, tan excitante y salvaje. Edward encajaba en ella como si hubiera nacido solo para acunarse entre sus muslos.

Bella dejó escapar un gemido cuando Edward embistió contra ella rozando su clítoris. Edward se tragó su gemido y embistió contra ella una vez mas.

A la derecha, la cama se hundió de nuevo. Sintió el calor de Emmett aproximandose cada vez mas. Bella alargó la mano para tocarlo, y pudo comprobar que Emmett se había quitado la camisa.

Su piel era suave y aterciopelada, y sus músculos eran firmes y duros.

Emmett le plantó una serie de besos en la mejilla y luego bajó a su cuello mientras metía una mano entre ella y su primo hasta encontrar su pezón por encima de la blusa. Bella sintió un hormigueo en este lugar y una creciente humedad entre sus piernas.

Edward apartó la boca de sus labios y bajó para saborearle la suave piel del cuello para a continuación lamer su clavicula.

Bella suspiró y abrió los ojos a tiempo de ver como Edward le abría delicadamente la blusa y le subía el sujetador, exponiendola a su ardiente mirada. Edward acarició suavemente el contorno de su pecho, luego le pasó el pulgar por el pezón. Bella se estremeció, abrió la boca con un suspiro. Emmett aprovechó para adueñarse de su boca. Jugueteó con ella, dándoles suaves roces y prometiéndole un beso profundo que al final nunca le otorgaba.

Emmett sonrió cuando Bella levantó la boca hacia el y le mordisqueó el labio de manera tierna. Edward succionaba su pezón con dureza, dejándole claro que no tenia intención de ser ignorado.. luego mordisqueó el pezón. Bella gimió y se arqueó contra el.

-Es preciosa Edward – murmuró Emmett en la boca de Bella – mejor que cualquier fantasía. ¿Verdad, Edward?

Bella contuvo el aliento, mientras esperaba impaciente la respuesta de Edward. A pesar de que todo esto lo hacía por Jacob, se sorprendió al darse cuenta que la respuesta de Edward le importaba.

-Sí – susurró con un gemido en su pecho – como un sueño húmedo.

Sus palabras fueron directamente a los pliegues femeninos, haciendo que su sexo palpitara de deseo por Edward.

Las manos de Edward se deslizaron por debajo de la falda subiéndosela hasta la cadera. Su puño agarró el tanga que esa misma mañana se había comprado para tener algo erótico y empezó a quitárselo al mismo tiempo que Emmett le quitada el sujetador. Finalmente, tras arrastrar la falda al suelo, Bella quedó desnuda ante las dos ardientes miradas masculinas.

Edward siseó con fuerza y centró su mirada en el recién descubierto sexo de ella. Emmett miraba en la misma dirección que su primo. Bella observó a los dos hombres, que la miraban como si fueran dos pobres hambrientos y ella un gran festín. El corazón le latía apresuradamente, haciendo latir su clítoris dolorosamente.

-¿Edward? – preguntó Emmett, dándole entender a Bella que esta pausa debía ser inusual.

No pudo preguntar nada porque en ese momento Edward dijo:

-Maldición, está mojada.

-Bien – contestó Emmett – comprueba lo mojada que está.

Edward deslizó sus pulgares sobre sus labios abriéndoselos. Introdujo suavemente las puntas de los dedos sobre la resbaladiza piel, electrificando todo su sexo.

Uno de sus pulgares se acercó más a su húmeda apertura y entonces Bella ansió que el llenara su miembro con su rígido miembro. Espera. No. No podía estar pensando eso. Pero con cada roce sentía que perdía más el control y levantó las caderas en una súplica silenciosa.

-No hagas eso – le advirtió Edward – No me tientes a penetrarte.

Eso fue estimulante. El pensar que el hombre que solía ridiculizarla estaba tan excitado por ella que podría llegar a perder el control.

Bella miró a Emmett, que tampoco parecía estar en su mejor momento. Luego desvió su mirada a la entrepierna de Edward y volvió a levantar sus caderas.

-Para. Estas implorando que te de lo que no quieres que te de.

-Haz que se corra de una vez – murmuró Emmett – Está excitada y no sabe lo que pide.

Claro que sabia lo que quería. Alivio. Jacob. Debía mantenerse virgen para Jacob. Pero ahora mismo la postura de Edward y su abstinencia al coito natural la irritaba.

Edward cerró los puños, tragó saliva y por fin dijo:

-De acuerdo. Voy a hacer que te corras – gruñó.

-Ya lo hablamos antes – confesó Emmett acercándose a ella para darle un beso en la boca y luego en el pecho – Esta noche te acostumbraras a las sensaciones de dos hombres dándote placer a la vez. Cuando estes preparada te enseñaremos como complacernos a nosotros. Poco a poco, ¿vale?

Bella asintió, incapaz de pensar en nada que no fuera Edward y su promesa de hacer que se corriera. Levantó la vista hacia Edward, que la miraba con las mejillas ruborizadas y la respiración agitada.

Al verlo una nueva oleada de placer la recorrió por completo y tuvo que obligarse a pensar en Jacob para quitar de su cabeza los pensamientos sobre el enorme, palpitante y preparado miembro de Edward en su interior.

-Tócame, por favor – rogó alzando las caderas una vez mas.

Edward no rechazó la invitación. Deslizó un dedo dentro de ella, mientras le rozaba el clítoris con el pulgar. Bella gimió. Y después sus gemidos se convirtieron en quejidos cuando Edward repitió tortuosamente el proceso mientras Emmett se apoderaba de su boca y jugueteaba con sus pezones.

Bella arqueó la espalda, sintiendo que el clímax se acercaba. Edward introdujo un segundo dedo en ella y luchó por deslizar ambos en su interior.

-Está caliente y me está quemando vivo.

-Dime como la sientes- dijo Emmett contra el lóbulo de su oreja. Era Emmett quien alentaba a Edward, impulsándola más al orgasmo con sus calientes palabras.

-Está...condenadamente caliente y apretada. Su sexo me atrapa. Palpita. ¡Maldición!

-Penétrala con los dedos.

Edward comenzó a meter y sacar los dedos.

-No puedo parar. Es demasiado bueno.

-Córrete para nosotros – murmuró Emmett contra su oido. Bella se estremecía. – Eres tan hermosa. No puedo esperar a ver como gritas de placer. – Emmett le pellizcó el pezón.

Fue todo lo que necesitó para dejarse ir. Bella gimió, gritó y se contorsionó, mientras sentía una energía renovadora recorrer todo su ser.

-¡Sí! – los dedos de Edward aun estaban en su interior, sintiendo las contracciones de ella, apretándolos y soltándolos – Sí. Otra vez. Córrete otra vez – exigió el.

Ella gimió – no creo que pueda. Después de haberme corrido una vez, no creo que... – dijo.

Emmett rió sensualmente y Edward negó fuertemente con la cabeza.

-No con dos hombres. Con nosotros te correrás repetidamente, hasta que caigas inconsciente.

Bella gimió, sintiendo su pulgar aun en su clítoris, prolongando su placer y haciéndola sentir de nuevo excitada y adolorida.

-Eso es – murmuró Edward.

Luego se inlcinó sobre ella y le rozó el clítoris con la lengua, repitiendo los mismos movimiento que había estado haciendo con el pulgar.

Las sensaciones eran mas intensas ahora. Bella se sintió como si no se hubiera corrido antes, con un placer mas fuerte. Edward la llevaría de nuevo al extasis.

Bella lo observó. La imagen de Edward disfrutando su clítoris era tan excitante como el mismo roce que sentía. Bella sentía su cuerpo tensarse. Abrió más las piernas, invitando a Edward a profundizar mas, queria llegar al orgasmo ya.

-¿Cómo sabe? – preguntó Emmett mientras succionaba dulcemente un pezón.

-Jodidamente dulce – masculló Edward lamiéndola una y otra vez.

Le gustaba. No, mas bien, estaba gozando de lamerla. Su voz ronca se lo decía a Bella.

Emmett se alzó sobre ella. No le gustaba observar. Esperaba ansioso su turno.

El placer de Bella fue en aumento hasta que sintió que se perdía en un orgasmo increíble.

-Mirame mientras te corres – exigió Emmett.

Bella lo hizo, agarrándose a las sábanas.

-Emmett...

-Pronto, te lameré. Te succionaré. Y volverás a correrte.

-Sí – jadeó ella.

Luego la lengua de Edward le dio un golpecito en el clítoris, haciéndola perder el control.

- Oh, Dios... Edward – gritó, mientras sentía un arco iris de sensaciones recorriendo cada nervio de su cuerpo. Trató de recobrar el aliento.

Edward levantó la cara de entre sus piernas – Otra vez, gatita.

Bella no podía decir que si, pero tampoco tenía fuerzas para negarse. Emmett negó.

-Es mi turno – insistió – Antes de que la dulce Bella se desmaye. Y tienes que prepararla para otras cosas.

Espera. ¿De que hablaban?

A regañadientes Edward asintió, se levantó de la cama y se dirigió al otro extremo de la habitación. Bella lo siguió con la mirada, pero Emmett reclamó su atención acariciándole con un par de dedos la húmeda vulva hinchada, introduciéndolos lentamente en su interior.

-Túmbate y disfruta – murmuró Emmett.

Bella cerró los ojos, estremeciéndose de placer. Nunca se había considerado una mujer muy sexual. Se masturbaba, sí, pero casi nunca se corría mas de una vez. Emmett provocó que el deseo resurgiera. Las paredes de su sexo palpitaron, tensándose dolorosamente.

-Tu vulva se hincha y se vuelve rosada cuando te excitas. Es fascinante observarlo.

Emmett se inclinó y estimuló su clítoris con un largo y lento lametazo.

Bella volvió a agarrarse a las sabanas mientras gemía.

-Me encanta como hueles – inspiró profundamente – Es asombroso. Un olor picante, adictivo, me hace querer seguir saboreándote.

-Emmett...

-Deja que te saboree. Acepta el placer que te doy.

Bella se preparó para otro clímax, pero esta vez mas poderoso. Este podría dejarla inconsciente, pero valdría la pena.

Edward masculló algo en el oído de Emmett. Este asintió con la cabeza y luego Edward deslizó sus manos entre sus piernas.

Sus miradas se encontraron. Edward tenía una expresión abrasadora. Quería verla correrse de nuevo bajo la boca de Emmett y colaboraría para lograrlo.

Emmett no necesitaba su ayuda, por supuesto, pensó ella mientras este le chupaba el clítoris.

Bella cerró los ojos ante la liberación que se aproximaba. Emmett se soltó de ella y se echó para atrás.

-Todavía no, cariño. Pronto. Hay mas. Y quiero saborearte.

-No. No. Ahora – jadeó ella.

-Paciencia – rió Emmett.

-No- repitió ella mirando a los dos hombres.

-Sí – insistió Edward.

-Hazlo – ordenó Emmett.

Con un lento asentimiento de cabeza, Edward le cogió los muslos y se los subió mas arriba.

-Será un placer.

¿Qué iban a hacer? Emmett colocó las palmas de las manos bajo sus rodillas y le siguió subiendo las piernas, dejándola totalmente expuesta.

-Sujétalas – ordenó Emmett, colocándole las manos bajo las rodillas.

-Emmett.

-No supliques piedad. No la tendrás de ninguno de los dos. Querías saber lo que era un menage, gatita, y mantener intacta tu virginidad. Pero eso no quiere decir que no vayamos a poseer ese culito delicioso que tienes.

-¿Dolerá?

-Hoy será muy poco – la tranquilizó Emmett – solo lo suficiente para proporcionarte las sensaciones sin abrirte demasiado.

-Aun no te follaremos ahí – Edward directo al grano.

Pero pronto lo harían. Ella asintió débilmente con la cabeza.

-De acuerdo.

-No estábamos esperando tu consentimiento. Nos lo diste cuando entraste por la puerta, maleta en mano. – Edward sonaba enfadado. O tal vez muy excitado.

-Lo sé.

Parte de la tensión abandonó a Edward, luego bajó la mirada a Emmett.

-Acaba.

-No durará mucho – comentó Emmett.

Al momento sintió algo frío y resbaladizo en su ano. Se tensó. ¿Y si no le gustaba?

-No te tenses – recomendó Emmett – Relájate. No es grande.

Mordiendose los labios intento relajarse y aceptar el objeto.

Edward se vió forzado a quitarse los pantalones, y ocuparse de us miembro con la mirada fija en la penetración anal que estaba haciendo Emmett.

Al ver lo excitado que estaba, hasta el punto de tener que acariciarse a si mismo, Bella quiso darle mas de esa funcion. Jugar con ambos. Ya no habia timidez. Podía volverlos locos de deseo.

Concentrandose en las indicaciones de Emmett sintió algo deslizarse en su recto y luego comenzó a vibrar.

¡Oh, Dios mio!

Emmett deslizó mas profundamente el vibrador y el placer se multiplicó en segundos. Las sensaciones y la visión de Edward tocándose a si mismo la estaban llevando a la locura. Emmett inclinó de nuevo su cabeza para tomar el clítoris con la boca. Arqueó la espalda y jadeó.

-Lista para correrte – susurró Emmett mientras deslizaba los dedos en el sexo anhelante.

Bella no podía responder, no podía hacer nada salvo gemir por el clímax que se avecinaba.

-¡Joder!- maldijo Edward. Se inclinó sobre ella, fundiendo su lengua con la de ella, para un rato después apartarse para recuperar el aliento mientras seguía bombeando su miembro.

La imagen era insoportablemente erótica, excitante.

Luego Edward volvió a besarla con hambre, sin dejar de tocarse a si mismo mientras la saboreaba. Y durante todo ese tiempo, Emmett la atendía enloquecedoramente en su ano y su sexo palpitante.

Todo aquello la sobrepasó. No pudo contenerse, ni quiso hacerlo.

Gritó en la boca de Edward mientras su mundo se hacía mil pedazos. Su vagina atrapó con fuertes contracciones los dedos de Emmett: -¡Edward! - gimió en la boca de Edward una vez mas.

capitulo 3

Al dia siguiente, mientras Edward y Emmett comían en la mesa de la cocina, ambos se miraron y entonces el primero se encamino a la puerta.

- ¿Dónde vas? - Preguntó Emmett.

- A buscarla.

- Está bien. Ve a pedirle perdón por asustarla y asegúrate de que no se mete en líos.- Edward asintió.

Y tan solo unos segundos después la puerta principal volvió a resonar con un fuerte portazo.

- o -

- ¿La has encontrado? - preguntó Emmett con voz preocupada.

Edward deseó en ese momento que su móvil hubiese perdido la cobertura para no tener que contestarle esa pregunta, en lugar de eso dijo:

- Si.

Por supuesto que la había encontrado. Tal y como había previsto, Bella había ido a buscar a los hermanos Weitz.

- Ya sabes lo que tienes que hacer- le recordó Emmett.

Edward no quería hacerlo pero después de haber tenido tiempo para pensarlo en la noche, llego a la conclusión de que Bella no iba a desistir de su idea solo porque el la hubiese asustado.

Era demasiado tenaz para darse por vencida a la primera de cambio, y si lo que quería era conquistar a Jacob Black, lo conseguiría.

Seguramente Charlie Swan lo mataría si algo malo llegase a pasarle a su hija. Edward no pensaba que el coronel pudiese perdonarlos después de que el y Emmett introdujesen a Bella en los placeres del sexo anal. Pero quería pensar que Charlie preferiría que su hija hiciera esto con el en vez de con un desconocido.

La dulce e inocente Bella siempre lo había provocado. Siempre había tenido fantasías con ella, se había masturbado pensando en ella. Pero la realidad había superado esas fantasías del mismo modo en que un huracán supera a una suave brisa de verano.

A pesar de todo, Bella seguía siendo una fuerte tentación que podría hacerle perder su autocontrol y de la cual debía alejarse en cuanto pudiera, pero no iba a permitir que ella se entregara a cualquiera en la búsqueda de conocimientos sexuales.

Maldiciendo entre dientes, se recolocó el móvil en la oreja contraria y miró a la pista de baile del pub donde Bella bailaba entre Paul y Pared Weitz.

- ¿Me estas escuchando?- gritó Emmett.

Edward apretó el teléfono con fuerza.

- Anoche la cagaste pero bien, primo. Ahora ve a pedirle disculpas por lo que hiciste.

- ¡Déjame en paz!

Emmett suspiró.

- Dile que la ayudaremos, y díselo con suavidad. Nada de decir que usaremos su trasero tan profundamente que no podrá caminar en una semana.- Edward hizo una mueca.

- No me presiones.

- Tu eres el único que presiona. Tu ahuyentaste a Bella cuando ella no había hecho mas que pedirte un favor, que por cierto ambos nos morimos por concederle.

- Mierda, si, vale, la presioné. Es virgen.

- No es Tanya.

Golpe bajo. Maldito Emmett.

- Tanya no tiene nada que ver con esto. Lo que pasa es que Bella no es mi tipo.

- ¿Y quien es tu tipo?.- Edward hizo una pausa tratando de recordar el nombre de cualquier mujer. Cosa que se le hacia difícil después de haber vuelto a ver a Bella.

- Rosalie Hale

- ¿La rubia que es dueña del club de striptease?

- No es una fulana - protestó Edward, sabiendo que por haberlo discutido anteriormente eso era justo lo que pensaba Emmett.

- Quizá, pero lo cierto es que no deseas a Rosalie. Y que ella no te desea a ti.

- Porque te desea a ti.

Motivo por el cual Edward se enfadó con Rosalie la última vez que la vió.

- Pues yo no estoy interesado. Además, solo dices que la deseas porque piensas que ella es segura.

- La deseo porque está buena, me pone caliente, y porque he oído que hace unas mamadas de muerte.

Emmett bufó.

- ¿Y entonces porque mientras te masturbabas anoche gemías el nombre de Bella? Te oí a través de la pared.

Edward sintió como toda la sangre de su cuerpo se acumulaba en su cara.

- Pues cómprate unos tapones para los oídos. Si, Bella me puso caliente, ¿y que? Es virgen. Eso no es muy alentador.

- Ya estuve con una virgen antes y es una bonita experiencia. Tanya fue...

- Ni se te ocurra mencionarla.

- Edward, tu espantaste a Bella con tus desagradables palabras por lo que le paso a Tanya, y sabes, tu no fuiste el responsable de...

- Si que lo fuí. Tengo que lidiar con ello cada día de mi vida. Déjalo ya - gruñó.

- Creo que estás equivocado - suspiró Emmett - pero dejaré el tema cuando le hayas dicho a Bella que lo sientes y que la ayudaremos.

Edward bebió un trago de su cerveza mientras veía como Jared agarraba a Bella de las caderas y le restregaba su miembro por el trasero. Ese chico se estaba buscando que le rompiera la nariz. La furia empezó a nublarle la vista.

- Bella parece estar muy ocupada con Paul y Jared- gruñó.

- Pero acudió antes a ti.

Verdad. Es que Emmett siempre tenía que llevar la razon.

Miró a Bella de nuevo, quien parecía estar representando todo ese espectáculo solo para el, dadas las miradas que lanzaba de reojo.

- Deja a un lado tu mal humor y haz lo correcto.

- Sabes que si la llevo a casa voy a terminar follándomela, los dos lo haremos.

Edward la deseaba por completo, no solo su boca y su culo, a pesar de que preveía que sería magnífico. Y si la llevaba a casa no creía que el mantenerse alejado de su sexo fuese una opción.

- Respetaremos cualquier cosa que desee. Si cambia de idea, genial. Si no, nos aguantaremos. Ve y discúlpate.

Emmett tenía razon, volvía a tenerla, como no. Si finalmente el decidía instruir a Bella en el sexo, y Bella volvía a casa con el, tarde o temprano Edward querría hundirse en su sexo. Y Bella acabaría cediendo. Aquello lo aterraba. A pesar de que Bella y Tanya no se parecían en nada, nadie podía asegurarle que no volviese a repetirse el pasado. Y eso ero lo que de verdad lo tenía acojonado.

Dió un último trago a la botella y, quizás con mas fuerza de la debida, la depositó sobre la barra del bar.

- Vale, ya voy.

- Tráela a casa.

A casa. Como si Bella fuera suya. Como si no fuera más que una gatita perdida que podía reclamar. Tal vez Emmett la veía así. Tal vez incluso estaba imaginando ya una vida con ellos dos y Bella. Edward bufó.

Bueno, había llegado el momento. Se puso en pie, y con el ceño fruncido y ganas de bronca, atravesó la estancia para llegar hasta Bella, que en ese momento se movía pornográficamente entre los hermanos Weitz.

Bella bailaba provocadoramente pegándose a Paul, quien dándole la vuelta la agarró de nuevo por la cintura y la pego aún mas si cabía a el. Paul era guapo, bastante de hecho, y quizá en otra época se hubiese sentido atraída por el, pero ahora su único objetivo era aprender para Jacob y averiguar si soportaría ser compartida.

Giró la cabeza a la derecha y lo vió, acercándose, con ojos hambrientos y dando unas zancadas furiosas. Solo un vistazo a Edward y ya se le había oscurecido la mirada de deseo.

Edward se dirigía a ellos. Oh oh, ¿Qué querría ahora? ¿No le había bastado con humillarla el día anterior, que ahora la buscaba para volver a hacerlo?

De repente, Paul le rodeó el cuello con la palma de la mano y se inclinó hacia ella. Bella estuvo a punto de dejarse llevar por el pánico. Paul iba a besarla y ella ni siquiera lo conocia, además de que no quería ser besada por el delante de Edward.

- ¿Conoces a Edward Cullen?- le gritó el hombre por encima de la musica.

- N..no - menos mal, no la besó. Suspiró aliviada. No podía olvidar la noche anterior, cuando fue besada por Edward y Emmett, pero tenía que hacerlo, o al menos intentarlo.

Cuando Edward la había ahuyentado con sus palabras crudas ella se había presentado en aquel pub buscando a los hermanos Weitz, pensando que la experiencia sería igual de agradable con Paul y Jared o con Edward y Emmett, pero un simple baile había bastado para que se diera cuenta de que no sería así. Desde el mismo comienzo de este, había querido marcharse. Y el ver a Edward con una mirada furiosa desde la barra, mientras ella se contoneaba en medio de la pista solo había aumentado sus ganas de largarse.

Edward se acercaba cada vez más.

- ¿Segura que no estás liada con Cullen? Parece que el no lo ve así.

Edward llegó al lado de Paul y Bella, y dirigiéndose a ella dijo:

- ¿Podemos hablar fuera?

Aunque parecía una petición, su mirada decía claramente que era una orden.

Bella tragó saliva. Su presencia conseguía ponerla nerviosa y ruborizada. Edward había ido a hablar con ella, y había ido derecho al grano. Sin saludos, ni a su amigo Paul, ni a ella. Sin buenos modales. No parecía que fuera a disculparse, y no estaba dispuesta a sentirse mas humillada. Así que:

- No, gracias. Estoy ocupada bailando con Paul.

Le dirigió una mirada a Paul y le dió la espalda a Edward comenzando a moverse, y sintiendo la mirada de este último clavarse en su espalda. La canción acabó. Edward la agarró firmemente del brazo y la giró hacia el.

- Ahora no estas bailando.

Bella apretó los labios y respiró fuerte y sonoramente por la nariz.

- Entonces dime lo que me tengas que decir.

- Fuera.

- No, aquí. Dilo y vete.

El vaciló.

- No creo que quieras tener publico.

Bella entrecerró los ojos y puso las manos en jarras.

- No me importa. Dilo de una vez.

- De acuerdo - se encogió de hombros - Ayer cuando Emmett y yo te desnudamos sobre la encimera de la cocina y pasamos la lengua por tu...

- ¡Para!- dijo, poniéndose furiosa.

Paul se rió entre dientes cerca de su oído. Edward sonrió con satisfacción.

- ¿Está enrollada con Emmett y contigo?- preguntó Paul a Edward.

-Si.

-No- dijo Bella a la vez.

Esto provocó que el músculo de la mandíbula de Edward empezara a palpitar.

- Mejor lo discutimos fuera.

- No estoy enrollada ni contigo ni con tu primo, no pienso volver a acercarme a tu cocina y no voy a salir contigo.

- He venido a decirte algo que te gustará oír.

- No me interesa.

Edward se acercó lentamente a ella, y con suavidad deslizó una mano por su cintura y la otra desde su clavícula en movimiento ascendente hasta su nuca. La acercó hacia el, e inclinó sus labios hacia su oído izquierdo para susurrarle:

- No voy a pedírtelo otra vez. O hablamos fuera, o te subiré en una silla, te levantaré esa minifalda y te calentaré el trasero mientras toda esa gente nos mira.

Bella miró a Paul buscando apoyo, aunque sabía que la batalla ya estaba perdida.

- Aunque me encantaría ver el espectáculo, no permito peleas ni desnudos en mi club. Tendreis que salir fuera dijo Paul.

Malditos hombres, que se apoyan unos a otros.

Bella se giró, derrotada, pero con la frente bien alta, dispuesta a salir del pub.

Cuando llegó al exterior se volvió hacia Edward cabreada para decirle donde podía meterse sus palabras. Entonces Edward la atrajó hacia si, bajó la cabeza, y ahogó sus palabras en un beso arrebatador.

Ella forcejeó un momento para segundos después dejar de pensar.

Edward, ardiente, persuasivo y adictivo, invadió sus sentidos. La doblegó con su lengua. La provocó. Su pulso se aceleró y una oleada de deseo cruzó su cuerpo desde su boca hasta instalarse en su vientre.

El beso la consumía poco a poco, se dejó llevar, con el corazón latiéndole a mil por hora.

El mordisqueó el labio inferior, lo lamió y volvió a posar su boca sobre la de ella una vez más. Bella se inclinó más hacia el buscando mas contacto.

Edward la agarró por los hombros. Se separó poco a poco de sus labios y aun rozándolos susurró - Siento lo que paso ayer. Ven a casa conmigo, gatita.

Mientras ella intentaba buscar una respuesta, Edward la tomó de la mano y la condujo hacia su coche. En el camino Bella pensó en el beso que le había nublado el cerebro, que la había hecho derretirse, y que definitivamente no debía haber correspondido.

Bella se apartó de Edward y empezó a buscar entre los bolsillos de su microfalda las llaves del coche.

- Vale. Tú ganas. No voy a quedarme con Paul y Jared. ¿Contento?

Edward le regaló una sonrisa torcida, y antes de poder preguntarse que estaría tramando Edward le había arrebatado las llaves del coche y se las había deslizado por el bolsillo de los pantalones.

- No, todavía no, hasta que acabemos de hablar... - le dijo, dando unas palmadas sobre el bolsillo donde estaban ahora sus llaves.

Bella soltó un suspiro de frustración.

- Mira, arrogante hijo de...

- Espera. Antes de que comiences a insultame, tengo que decirte que he venido a ofrecerte mi ayuda, si todavía la quieres.

- ¿Quieres decir que Emmett y tu estaís dispuestos a enseñarme lo que quiero saber sobre el sexo?

Edward tomó aire.

- Si.

Bella no sabía si irritarse o aliviarse, pero finalmente se alivió al pensar que solo conseguiría estar con Jacob con su ayuda. Pero antes, lo haría sufrir un poquito.

- Quizá sea demasiado tarde.

- No parecías cómoda entre Paul y Jared.

- No me importa eso. No, desde que intentaste ahuyentarme ayer.

Edward se rió entre dientes.

- ¿Y tengo que creermelo?

- Jamás habrías pensado en mi en un contexto sexual si no hubiera llamado a tu puerta.

El dejó de reir.

- Eres bastante ingenua.

- Oh, venga ya. - se burló ella- Hasta ayer ni siquiera habrías imaginado hacer nada conmigo.

- Tenías 17 años, Bella. En ese momento era ilegal. Mis pensamientos son los mismos que antes, solo que ahora no iré a la carcel si los hago realidad.

Edward parecía hablar en serio mientras la taladraba con esos penetrantes ojos verdes.

- Durante ese tiempo deseabas...

- ¿Follarte? Oh si, eso y cualquier cosa que me hubieses dejado hacer. Te deseaba. Punto.

Bella contuvo el aliento por un segundo. Oh, Dios mio.

Bajó su mirada y la clavó sobre la patente erección que parecía a punto de reventar la cremallera.

- ¿Y todavía me deseas?

- Así es.

Ella se humedeció el labio. Edward se fijó en esto, lo que provoco que a Bella se le tensara el vientre y se le contrajeran los pezones. En su mente apareció una imagen de Edward recostado sobre ella, penetrandola con dura insistencia. Bella se había corrido la noche anterior con sus dedos con esa misma imagen mental. Se le calentaron las mejillas. Esto no podía ser bueno, se sentía muy excitada por un hombre que no sería mas que un tutor sexual. Bueno, ya se le pasaría. Entonces comprendió.

- Era por eso por lo que apenas me hablabas cuando trabajabas con mi padre.

- Si - confirmó.

- Y la razon de que hayas cambiado de idea sobre mi... favor

- En parte. Emmett también tuvo algo que ver. Casi me arranca la piel a tiras después de lo que te dije.

- ¿No quería que me hablaras así?

Edward asintói.

- Porque te desea tanto como yo. Aun pienso que no estas en tus cabales al intentar esto, pero como Emmett me recordó, ya eres adulta.

El ambiente se inundó de un silencio incomodo. Tras varios segundos que parecieron horas, Edward continuó.

- No creo que Jacob Black sea el hombre adecuado para ti, pero es tu vida. Y si lo que quieres es aprender todo lo que hay que saber para ser compartida por hombres este es el trato. Regresarás a casa conmigo, te quedarás con nosotros dos semanas. Y te enseñaremos todo lo que necesites saber.

Se sintió aliviada. Había ganado. Por fin podría demostrarle a Jake que estaba equivocado al pensar que su estilo de vida la escandalizaría.

- ¿Vivire con vosotros dos semanas?

Edward asintió con la cabeza.

- Una de las cosas mas difíciles de llevar a cabo en un menage es satisfacer a dos hombres excitados. El sexo con dos hombres a la vez no es fácil, y no todos los hombres tienen las mismas exigencias sexuales. Exigencias que tu deberás satisfacer. Por ejemplo, Emmett es de los que prefieren hacerlo por la mañana, a mi me vale cada vez que Emmett este de humor siempre y cuando tu estés dispuesta. Yo no te tomaré a solas. Nunca.

Esto la descolocaba. ¿Por qué no haría el amor con ella si Emmett no estaba presente? ¿Qué le ocultaba?

- Entonces si digo que si, ¿tu querras...?

La lujuria centelleo en sus ojos verdes.

-Si Emmett y tu estais dispuestos, ahí estare.

Sus palabras provocaron una ola de calor que se asento rapidamente entre sus piernas.

- ¿Solo soy un rollo mas? - dijo ocultando una nota de tristeza en su voz.

- No.

- Mmmm, esta bien... Acabo de terminar el curso de enfermería, tengo que estudiar para los examenes, pero puedo hacerlo en cualquier sitio. Iré a buscar algunas cosas, y le dejaré una nota a mi padre diciendole que voy a visitar a una amiga.

- Ummm, Bella.

- ¿Qué?

- Hay una cosa mas. Una regla.

- ¿Cúal?

- No lo hago con vírgenes, asi que no te follaré de manera convencional.

Bella se tensó. Es que acaso ser virgen la convertía en una forma de vida inferior. Eso la molesto.

- Ya te he dicho que pienso conservar mi virginidad para Jacob. Así que no hay problema.

- Quiero que recuerdes eso cuando las cosas se pongan calientes. Le sujetó la cara con las manos y se acercó - y se calentaran. No cedere cuando me implores.

- ¿Cuando te implore? Me parece que alguien tiene mucha fe en sus proezas.

La sombría sonrisa de Edward la puso nerviosa.

-Al ser compartida con Emmett y conmigo sentirás tal placer que no nos costara hacer que supliques por algo. Pero no te tomaré. Que seas virgen es una responsabilidad. Un hombre no debería follar con una virgen si no tiene intención de reclamarla, y yo no estoy dispuesto a reclamar a nadie... en ese sentido.

Vaya. Anticuado y liberal a la vez. Como chocaba eso.

- Creo que de alguna manera no me sorprende.

Ambos se miraron. Edward parecía desolado, parpadeó, cambiando el peso de pierna, y retrocedió un paso. Bella frunció el ceño. Debía estar loca. La desolación que había aparentado podría haber sido simplemente la molestia de tener que esperar al día siguiente para aliviar su excitación.

- ¿Debo decirle a Emmett que regresarás a tiempo para la cena? - interrumpió él los pensamientos de ella.

- ¿Cocinara el? Pues allí estaré.

Edward no sonrió. De hecho parecía tan alegre como un hombre condenado a muerte.

-Te estaremos esperando.

capitulo 2

Con un simple roce de su boca, Edward le abrio e invadio los labios, encendiendo sus sentidos cuando deslizo la suave lengua dentro de su boca y arraso todo lo que tocaba con cada excitante caricia.

Bella habia esperado de Edward un beso rudo, sin concesiones ante su inexperiencia. No fue asi. Es verdad que fue hambriento y exigente, pero bueno, muy bueno. Un enredo salvaje de labios, aliento y hambre.

A Bella la habian besado antes, pero no de esa manera. Edward no era de los que perdia el tiempo.

De repente, el se retiro, dejandola dolorida y sin fuerzas. Dios, su sabor. Era excitante y masculino. Realmente adictivo. Con solo un beso Edward se habia hecho con el control, y Bella deseaba mas, mucho mas.

Edward volvio a rozarle los labios y Bella abrio un poco mas la boca. Se hundio en ella con mas profundidad que antes. La saboreo, jugueteo con ella y se retiro. Bella necesitaba mas, y presiono las palmas de las manos contra el pecho de Edward, sintiendo el salvaje palpitar de su corazon contra su mano.

Edward la recompenso con otra provocativa caricia de sus labios, que consiguio en solo un segundo derretirla. La dejo sin defensas una vez mas. Bella deslizo las manos del pecho de Edward a su pelo, aferrandose a el para acercarlo aun mas. Bella se moria de deseo. Le araño. Apenas podia respirar, estaba mareada, deleitada con el calor que crecia en su vientre. Se le tensaron los pezones, era tan bueno...

Noto una calida mano curvandose sobre su brazo, ascendiendo en una lenta caricia. Emmett. Casi se habia olvidado de el, pero cuando el se acerco mas a ella y sintio el calor de su cuerpo contra su espalda, asi como la dureza de su miembro en su trasero le fue imposible ignorarlo.

Emmett levanto la mano y le aparto el pelo del cuello. La suave presion de la ardiente boca de aquel hombre y su calido aliento sobre el cuello fue como una suave lluvia sobre su sensible piel. Bella se estremecio, pero Emmett continuo.

Unas manos firmes se deslizaron sobre las costillas femeninas. Emmett de nuevo. Aquellos dedos indagadores le rozaron el lateral de los pechos, mandando nuevas sensaciones que recorrieron todo su cuerpo. Bella gimio mientras Edward seguia besandola. Inclinando la cabeza, amoldo sus labios perfectamente a los de ella y su beso se hizo mas insistente.

Bella se sintio acalorada y dolorida. Queria mas.

Agarrandola fuertemente de las caderas, Edward se arqueo contra ella, apretando su impresionante ereccion en un delicioso movimiento contra su sexo. Aquello no la apaciguo, solo la inflamo mas y gimio.

Doblando las rodillas Edward la agarro por los muslos y la levanto. Bella apenas tuvo tiempo de soltar un grito ahogado antes de que este la dejara caer contra Emmett, cuya polla se apretaba aun mas contra ella. Pero no habia terminado...

Edward le arranco los pantalones y el tanga, luego le abrio las piernas, manteniendolas separadas con aquellas enormes manos. Emmett le ayudo sosteniendole las rodillas con los antebrazos, dejandola abierta y expuesta a su primo. A Bella le latia el corazon tan rapido que solo podia escuchar el frenetico palpitar mientras observaba como Edward la miraba como si se le fuera la vida en ello. Bella envio una muda invitacion a esos profundos ojos verdes que brillaban intensamente con un calor abrasador.

Edward se quedo inmovil, esperando. Mirando. Volviendola loca de anticipacion y deseo.

- Edward...

- Manten sus piernas separadas - Le dijo el a Emmett.

Luego se introdujo entre los muslos separados y presiono intimamente la bragueta de los vaqueros contra los pliegues humedos. Ante el contacto, el clitoris de Bella respondio con un avido latido. Edward la sujeto por las caderas, alejandola del agarre de Emmett. Se rodeo las caderas con las piernas de Bella y embistio contra ella una y otra vez. Bella grito. Masturbarse jamas habia sido tan intenso y agudo. Tan abrumador.

Antes de poder asimilarlo o pensar en la siguiente caricia que le proporcionaria Edward, Emmett le deslizo las manos desde el torax al vientre y luego de vuelta y mas arriba hasta ahuecarle los pechos con sus calidas manos. Bella se derritio con un largo gemido. La pellizco suavemente con los dedos y el estremecimiento de deseo bajo disparado a su clitoris. Emmett froto suavemente sus pulgares contra sus pezones.

A Bella le llevo un rato darse cuenta que Edward observaba las caricias de Emmett con una oscura mirada de deseo. Sus ojos, cuando la miraron a ella, prometian devorarla. Un agudo deseo cruzo el vientre de Bella, retorciendole las entrañas.

- Tenemos que quitarle esto- dijo, dirigiendo los dedos al ultimo boton de la blusa.

-Ahora- se mostro de acuerdo Emmett. Y juntos, la dejaron sobre el mostrador.

Un momento despues, Emmett dirigio los dedos al boton superior de la blusa y lo desabrocho. Aturdida, Bella observo como su tensa piel iba quedando expuesta hasta que todos los botones fueron desabrochados. Emmett le quito la blusa de un hombro, mientras Edward se la quitaba del otro y levantaba la mirada hacia ella con ojos feroces y decididos. Un remolino de deseo se anudo en su vientre, conteniendo un suspiro, despojandola de cualquier sentimiento racional.

Edward se inclino hacia delante y mientras su aliento chocaba con su cuello haciendola pedazos, alargo una mano por detras y le desabrocho el sujetador. Mierda, estaba desnuda, esto se ponia serio, sin embargo no queria detenerse, no podia hacerlo. No tan pronto.

-Oh!- gimio cuando la boca de Edward le cubrio un pecho y mordisqueo un pezon hasta que sintio como sus terminaciones nerviosas vibraban. La sensacion se multiplico cuando Emmett le pellizco la cima del otro pecho en el mismo momento que inclinaba la cabeza y le cubria la boca con un beso arrollador.

Emmett era un artista, mas que besarla la seducia sin palabras. Jugueteo con ella, provocandola con su beso para luego retroceder. Solo aquel beso habria sido suficiente para hacerle perder la cabeza... las sensaciones que sentia en ese momento eran explosivas.

Edward cambio con decision de pecho, apartando los dedos de Emmett. Mordio con suavidad y luego lo lamio con la lengua justo en el mismo momento en que apretaba la dura protuberancia de su ereccion contra el clitoris de Bella.

El ardiente beso de Emmett amortiguaba los sonidos que Bella emitio cuando Edward embistio en el lugar adecuado mientras succionaba su pezon con ferocidad. Sus labios temblaron cuando el retrocedio jadeante para tomar aire.

- Sabes tan dulce como el azucar- la alabo Emmett acariciandole con la boca el lateral de su cuello mientras con el pulgar le rozaba el pezon todavia humedo de la boca de Edward.- Tan dulce que te deshaces.

Esa habil boca le recorrio la barbilla, subio por la mejilla y se hundio de nuevo en sus labios. El se excito con el beso haciendola arder cada vez mas, prometiendole con cada caricia que la satisfaria... a su debido tiempo. A su manera.

Edward continuo restregandose contra su clitoris, friccionando con furia, encendiendola de la cintura para abajo. Le pellizco los pezones, retorciendoselos en uno y otro sentido, estimulando sus sensaciones. Cuando ella jadeo y se sujeto a los brazos de Edward jurando que se iba a correr, tanto el como Emmett retrocedieron. Bella grito de frustracion.

Edward le dirigio una mirada despiada y le rozo el sensible pezon.

- ¿Quieres mas, gatita?

Estaba jugando con ella. Bueno, estaban. Pero le traia sin cuidado. Jamas habia sentido nada parecido al placer que Emmett y Edward le estaban dando.

- Por favor- la palabra salio de su boca en un jadeo.

Emmett se inclino para depositar otro de sus devastadores besos. Edward continuo con la ritmica friccion de su miembro contra el clitoris de Bella, al mismo tiempo que le mordisqueaba los pezones. .

- Mas- La palabra escapo de sus labios con un jadeo urgente.

Edward la beso por encima de los pechos mientras Emmett la inmovilizo con otro beso devorador. Bella apostaria a que cuando Emmett posaba su boca sobre una mujer no habria nada que esta pudiese negarle.

Cuando mas maravilloso era, Edward le mordisqueo el lobulo y la rodeo con sus brazos. Las sensaciones se volvieron mas intensas. Bella se arqueo contra su musculoso pecho, odiando cualquier prenda que se interpusiera entre ellos.

Bella jamas penso que podria desear tanto a un hombre tan irritante, pero sin saber por que, lo hacia.

-¿Que mas quieres?- el sedoso susurro de Edward se deslizo por su espalda, luego parecio acariciarla en aquel lugar mojado que suspiraba dolorosamente por el.

¿Como conseguia hacer eso con un solo susurro?¿y como lograba que el sonido de su voz se clavara directamente en su clitoris?

Emmett levanto la cabeza para oir su respuesta.

- Me siento genial -fue todo lo que pudo responder.

- Puede ser todavia mejor- le murmuro Emmett en el otro oido.

Por lo general Bella estaba echa de una pasta dura, pero ese placer aplastaba su voluntad.

-Si deseas mas, te lo daremos. Quiero ponerte boca abajo sobre la mesa de la cocina y observar como Emmett te succiona el clitoris mientras tu me succionas a mi.

Con los ojos nublados de deseo, Bella echo una mirada de reojo a la mesa. Podia imaginar la escena con mucha facilidad. Jamas le habia echo una mamada a un hombre, pero lo intentaria. De hecho le encantaria que al señor duro se le aflojaran las rodillas. Y si un beso con Emmett era el cielo, no podia ni imaginar lo fabuloso que seria con el sexo oral.

-Vale -dijo Bella e inspiro profundamente.

-Sera mejor que esperes a oir a que estas accediendo.

-Edward -lo interrumpio Emmett con el ceño fruncido.

-Debe oirlo todo.

Edward la tomo por las mejillas y la forzo a mirarlo a los ojos.

-Luego quiero llevarte a la cama y observar como Emmett hunde su miembro profundamente en ti mientras jadeas, gritas y te corres. Mientras el esta en ello yo me ocupare de tu dulce culito, y te follaremos a la vez. Juntos. Con fuerza. Durante toda la noche, hasta que estes agotada, saciada, exhausta.

El calor y la alarma la atravesaron a un mismo tiempo. La idea la atraia de una manera prohibida. Podia imaginarse perfectamente el estar con dos hombres a la vez, y no dudaba que estos dos la hicieran gozar, pero ella queria conservar su virginidad. Y lo haria, no importa cuanto le costara.

Ademas, Edward le daba a entender con sus palabras que solo queria utilizarla. Como si fuera una mujer cualquiera a la cual podia echarle un polvo una noche. Esto la enfadaba.

-Luego volveremos a poseerte -continuo Edward con voz ronca- Dormiremos una hora y volveremos a tomarte otra vez, tan dura y profundamente que no podras andar ni sentarte en una semana. ¿Que te parece gatita?¿Entiendes de que va esto?

Por su mirada podia notar perfectamente que Edward la deseaba, para follar, nada mas. No le importaba si con ello la ayudaba o no.

Bella trago saliva, intentando pensar a traves de la profunda rabia que sentia. En ese momento, para Bella, Edward era un gilipollas, lo cual queria decir que sus primeras impresiones eran correctas.

-Acudi a ti para pedirte un favor, y actuas como si estuvieras ante un pañuelo desechable.

Edward se encogio de hombros.

-Eso es lo que estoy haciendo, ayudarte. Si eres capaz de aguantar el ritmo que Emmett y yo te demos en una noche, estaras preparada para aguantar todo lo que quiera el niño bonito. ¿Te apuntas o no?

-En primer lugar, tengo intencion de conservar mi virginidad para Jacob. Ya te lo dije.

-Genial. Supongo que tu boca y tu culo acabaran escocidos, pero puedo vivir sin tu coño. ¿Y tu Emmett?

Bella le dirigio una mirada a Emmett.

-Yo no tomaria nada que Bella no quisiera dar.

-¿Ves? Todo resuelto. Subete a la mesa- contesto Edward con una tensa sonrisa.

Bella observo como Edward se desabrochaba el boton de sus vaqueros. Sus nervios se crisparon. Actuaban como un par de lobos hambrientos. ¿Acaso esperaban que iba a subirse a la mesa y se iba a convertir en su merienda, que iba a abrise de piernas, hacerle una mamada y...? NO.

Ella no habia ido alli a buscar un final feliz. Pero al menos penso que le explicarian un poco de que iba todo aquello, que irian despacio, la harian sentir segura y que podria dar y recibir placer. No algo tosco y rudo para ahuyentarla.

Su cuerpo se enfrio y la logica ocupo su lugar.

-En segundo lugar- continuo ella -no me gusta tu actitud. Actuas como si yo no fuera mas que un agujero mojado en el que meterte.

-Eso suena bastante preciso. Tu aprendes. Nosotros disfrutamos. Subete a la mesa.

Bella observo como se bajaba la cremallera. Emmett se quito la camiseta y la tiro al suelo, exponiendo su imponente pecho ante ella.

Bella sintio miedo. Edward habia dejado bien claro que solo la veia como sexo facil y aunque le dio la sensacion que Emmett no seria muy rudo con ella, no podia asegurarlo.

Recogio su ropa, se pudo sus pantalones y se cubrio el pecho con la camisa.

-Vine a pedirte un favor.- le temblo la voz.

-Y tenemos dos duras pollas preparadas para concedertelo. Un favor con favor se paga. Subete a la mesa.

-No. Acudi a ti porque pense - nego con la cabeza- Siempre te comportaste como un idiota cuando trabajabas para mi padre, pero jamas me habias parecido despiadado. Ahora veo que estaba equivocada.

-Bella - Emmett dio un paso hacia ella.

-¡Quieto! Edward me acaba de tratar como una puta sin valor, y tu lo has permitido.

-Te has ofrecido como si lo fueras, ¿Que esperabas? - contesto Edward.

-Vete al infierno - les dio la espalda y se metio el sujetador y el tanga en el bolsillo.

-Ya estoy alli, gatita. Estoy tan duro que el resto de mi cuerpo se ha quedado sin sangre. ¿Seguro que no quieres quedarte y echarme una mano?

Lo que le faltaba.

-Hablando de manos, tu tienes un par con cinco dedos cada una. Que las disfrutes.

Bella se encamino a la puerta. El portazo resono en la tranquila casa hasta que ella puso el coche en marcha y se alejo a toda velocidad.